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La cultura es vida y es palabras.
Bajo el aspecto de la palabra, exclusivamente cómo palabra, está la miseria. Existen muchas maneras par reducir en miseria la cultura. Una de estas, la más eficaz, es la de restringirla a una cuestión de palabras. Las palabras, descontextualizadas de la vida, producen la miseria de la cultura. Las palabras pueden morir, por uno o más acontecimientos precisos, y entonces miserizan cualquier contexto en que son usadas. Por otro lado, frente a un progresivo y a veces imparable proceso de miserización, no es posible restablecer los fastigios precedentes.
Bajo el aspecto de la vida, la cultura es la capacidad de dar un sentido, en el ámbto de la conciencia individual. a todas las pulsiones incomprensibles que se desencadenan: sentimientos, deseos, sueños, intuiciones, esperanzas, fantasias, imaginaciones, etc.
El mundo de la vida, en la plenitud de sus potencialidades inexpresadas, es gracias a la cultura que puede expresarse, luego ser vivido por el individuo. Una pobreza cultural miseriza la vida contaminándola, mezquinizándola en pretensiones rígidas en el fetiche y en el objeto ritualizado, que existe como control y rutina.
Multiples fuerzas sociales, a menudo inconscientemente, están participando acordes a poner en miseria la cultura.
